lunes, 21 de mayo de 2012

Max Payne 3

En la tercera parte de la saga se lleva al protagonista un paso más allá. Nadie puede acusar a Rockstar de medias tintas en sus videojuegos, y menos con un Max que en el título que nos ocupa toca definitivamente fondo. No vamos a vivir una espiral de autodestrucción que lleven al héroe a lo más bajo, no. En Max Payne 3 comenzamos en lo más hondo y de ahí caemos todavía más y más. El personaje comienza convertido en guardaespaldas privado de una familia acaudalada de Brasil que es el objetivo de una banda de narcotraficantes locales, y a partir de ahí la historia avanza hacia delante y hacia atrás en el tiempo en función de sus necesidades narrativas: mezclando el relato brasileño con algunas pinceladas de las vivencias del protagonista en Nueva York antes del viaje.

Max acude a Sao Paulo con la intención de comenzar una nueva vida, y de abandonar sus hábitos alcohólicos y drogodependientes, sin embargo puede tratar de engañar a los demás pero no puede negarse a sí mismo lo que en realidad es. Bastará con los recuerdos de su esposa y su hija asesinadas en La Gran Manzana para desatar sus destructiva pasión por el alcohol y los antidepresivos nada más instalarse en Sudamérica. Todo esto se nos cuenta con el estilo impecable que Rockstar utiliza desde que estamos en la actual generación de consolas, y que aquí alcanza algunos clímax impactantes como la secuencia de apertura, donde el propio Max trata de "vendernos" una imagen de redención y nueva vida que las imágenes que acompañan a su voz en off contradicen por completo.
 
El guión de Max Payne 3 se sigue con mucho interés, no sólo porque es imposible no mostrar empatía con su protagonista acabado, viejo y tan poco profesional que lleva a cabo su trabajo en patético estado de embriaguez, sino también porque el hilo argumental tiene intriga. De acuerdo en que la temática del guardaespaldas norteamericano de familia rica que se enfrenta en América Latina a las bandas locales tras un ataque no es nueva, la película El Fuego de la Venganza de Tony Scott ya lo trató en 2004, pero aquí se trata con enorme profundidad y casi más como un viaje para el propio héroe que como una historia propiamente dicha.
Todo se nos cuenta además con un estilo que renuncia al toque de novela gráfica pura y dura que tenían las dos primeras entregas, y que apuesta en esta ocasión por no perder la esencia pero adaptarla al software del año 2012. Las cinemáticas son algo así como presenciar un cómic en movimiento, muy estilizado, moderno y cargado de infinidad de filtros y efectos para asemejarlo a un videoclip. El tratamiento puede parecer excesivo para algunos paladares, puesto que se han tomado algunas decisiones que pueden sonar a superfluas como el hecho de que la pantalla se divide en momentos intrascendentes o que se resaltan en la imagen palabras que a veces no tienen demasiada importancia; pero todo eso forma un todo: un conjunto del que el aspecto del título se beneficia enormemente.

El profundo desprecio que Max siente por los Branco, la familia a la que vigila, por su condición frívola y por su millonaria fortuna se convierte en comprensión cuando la desgracia los golpea, y todo suena a creíble dentro de la fórmula del juego. El cambio de look del protagonista ha sido mostrado mucho en la fase de promoción del programa, pero sigue teniendo enorme fuerza; quizá no tanto por el momento en el que se produce como por lo verosímil que resulta todo el proceso y el cambio que supone sobre el antiguo detective tanto física como mentalmente. 
 
Y es que si alguien tenía dudas sobre cómo iba a manejarse Rockstar con un juego lineal debe disiparlas por completo, ya que si bien no es el primer título que renuncia al estilo sandbox que ha primado en sus obras más características como la saga GTA, sí podemos asegurar que es el mejor. En un shooter de cualquier tipo las mecánicas de disparo son fundamentales, y en el caso de Max Payne 3 éstas son sencillamente fantásticas. La intención ha sido la de ser muy respetuosos con la identidad de la saga, de modo que los aficionados no deben esperar grandes cambios con respecto a lo que ha sido siempre característico en la franquicia.

La idea es la de que el lanzamiento sea tan espectacular como práctico, así que se ha implementado una mecánica de coberturas que adapta la saga a los nuevos tiempos y a las actuales exigencias del género, y al mismo tiempo se mantiene la presencia de clásicos como el Bullet-Time, los saltos a cámara lenta, etcétera. ¿Cómo funciona todo esto? Perfectamente, y facilitando varias opciones que el usuario puede utilizar en función del estilo que prefiera, y que nos permiten amoldarnos a las exigencias de cada situación y también del nivel de dificultad.
 
Así, con sólo hacer click en el stick derecho del pad liberamos una cámara lenta que nos permite movernos y apuntar con mayor precisión y velocidad para salir de las situaciones más difíciles. Hay un medidor que se vacía cuando lo activamos y que se va recargando, de modo que vuelve a ser un componente estratégico fundamental de Max Payne: algo que debemos reservar sólo para las situaciones más difíciles. Podemos también ralentizar nuestro alrededor con el salto, que se efectúa utilizando RB/R1 y que como los seguidores de la IP ya saben, nos permite lanzarnos por el aire esta vez sin limitaciones de uso. A Max le cuesta un valioso par de segundos levantarse del suelo en la que es la única penalización de esta maniobra, pero esto se compensa con el hecho de que el protagonista puede disparar tumbado o recargar y después recuperar la compostura cuando nosotros lo deseemos. Rockstar está en todo. Por último la última muerte de enemigo en cada arena que superemos se reproduce en primer plano, pudiendo nosotros mismos manejar su tempo y/o incluso seguir disparando para comprobar cómo las balas van impactando sobre su cuerpo. 
 Max Payne 3 PS3
Es en el desafío máximo donde comprobamos el perfecto equilibrio ideado por Rockstar para sus tiroteos, donde valoramos la importancia de unos entornos destructibles que a menudo cambiarán el devenir de los acontecimientos y donde sufrimos en nuestras propias carnes los rigores de una IA agresiva y muchas veces realmente brillante.

Otra de las grandes novedades que Rockstar ha deseado introducir en Max Payne 3 es la presencia de un multijugador que contribuye a prolongar la duración del juego más allá de las algo más de diez horas que nos supondrá superar el modo historia: en una cifra que, como siempre, variará ostensiblemente en función de la dificultad escogida.
El on-line es una alternativa a la que sus responsables han prestado una vez más enorme atención, y ofrece una completa lista de modalidades con algunas bastante destacadas. Comenzaremos en el entrenamiento para novatos hasta que adquiramos la suficiente habilidad como para comenzar a medirnos en el resto de estilos jugables con usuarios más veteranos. El Todos contra Todos y el Bando contra Bando (su modalidad por equipos) no merecen mayor explicación, ni tampoco Recogida (variante de captura la bandera), Captura (territorios) o Mecha Corta (una suerte de sabotaje)... ya que son todas ellas alternativas bastante convencionales.
 El programa, además, presenta la posibilidad de estar muy en contacto con la comunidad en todo momento gracias al sistema de clanes, algo que nos permite jugar de forma cómoda con nuestras amistades a los modos multijugador. 
 
 

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